FELIPE V, EL GUARRO

Felipe de Borbón era nieto de Luís XIV de Francia, el famoso rey sol de "El estado soy yo" quien le regaló el título de  Duque de Anjou

  Nació en el palacio de Versalles, que era un lugar donde las perversiones que veían a diario sus espejos hubiesen hecho que el Marqués de Sade hubiese pensado que había dedicado su vida a escribir cuentos infantiles.

  Contaba diecisiete años aquel día de septiembre en que el embajador francés en España escribía al Rey Sol "Empeora el Rey Católico. Me dicen que parece un cadáver". Tres días después le comunicó que le habían administrado la extremaunción y el 14 de octubre " Ya no le queda sino piel y huesos"  

 En vez de distinguidos empelucados, empolvados y ensedados de Versalles, diríase que se trataba de una panda de buitres esperando devorar un fiambre.

 La sucesión al rey Carlos II, el último Austria o Habsburgo, no fue una cosa de cartas siniestras de un embajador a un rey. Fue una guerra europea por el poder. Una guerra entre monarquías imperialistas y monarquías aspirantes a imperios.

 Me gustaría hablar más de este momento de la Historia de España pero estas crónicas no van de Historia sino de Borbones que son Historia también para infortunio del pueblo ibérico.

 La Guerra de Sucesión iniciada en 1700 y concluída en 1714 con la derrota de Barcelona, acaba con cualquier posibilidad de construir un país en armonía y abre la caja de pandora al transplantar a España el centralismo francés, un país con una Historia y una geografía muy diferente. La geografía en tiempos en los que todo se hacía con tracción animal era algo a tener muy en cuenta a la hora de imponer el centralismo. Mientras Paris era una ciudad bien comunidada a través de ríos y llanuras, Madrid era un fuerte rodeado de montañas que no podía ejercer el papel que ejerciera Paris e incluso Londres.

 La guerra de Sucesión fue un conflicto internacional, pero también fue otra de las tantas guerras civiles que han asolado la península. Podemos considerar que es el primer conflicto que enfrentó el modo de entender España de las dos Coronas, la de Castilla y Aragón. 

Pero fuera de estos asuntos internos en esta guerra se jugó, desde su inicio hasta el final, el poder en Europa. Francia apoyó a su candidato Felipe de Anjou e Inglaterra al archiduque Carlos de la familia Habsburgo.  Se jugaba el control del comercio colonial y se jugaba el control del imperio americano que todavía era parte de la Monarquía Hispánica. 

  La debilitada Monarquía Hispánica fue el sebo jugoso de las  nuevas potencias europeas, como Francia, Inglaterra y los Países Bajos. En el futuro rey se jugaba la influencia del país que lo apoyase. En  Madrid y en Utrech, Rastatt y Bacen, entre 1713 y 1715 se firmó el fin de la España que pudo ser y no fue y  el final de la herencia territorial de los Habsburgo quienes durante 200 años habían sido los dueños del mundo. 

  La Guerra de Sucesión dejó el pais en manos de los  Borbones, un puñado de reyes pervertidos, amantes del lujo y de lo ajeno y con más que dudosos apoyos políticos. Una auténtica pesadilla de la que a la presente no ha logrado desembarazarse.

 En 1717 librará otra guerra, que perderá, contra la Cuádruple Alianza para recuperar los territorios italianos antes dominados por España. En 1726 volverá a la guerra contra Inglaterra.

Dos de los Pactos de Familia firmados entre las monarquías de España y Francia, ambas de la Casa de Borbón, harán participar a España en las guerras europeas durante su reinado


  Felipe V llegó a España, como llegara Carlos V de Alemania,  sin hablar una palabra de español y con 17 años de edad.  

 Fue nombrado rey en las Cortes de Castilla y se dirigió a Aragón donde juró los fueros y seguidamente convocó las Cortes Catalanas y también las juró.  Luego las cerró.

En Madrid formó un Consejo de Despacho, por medio del cual ejercería un poder real por encima de los Concejos de los Austrias. 

El rey Sol, abuelo de Felipe, iba a ser el dueño de España. Esto decía de su nieto "Es poco instruido, incluso menos de lo conveniente a su edad. Será fácil gobernarlo..."  

Luis XIV organizó la Hacienda mediante su hombre de confianza Orry y apañó la boda de Felipe con María Luisa de Saboya. y preparó la llegada de la Princesa de los Ursinos como camarera de la reina quien controlaría todo lo que sucedía en la corte e informaría al rey de Francia. 

Su precaria salud lo hará pasar por largos periodos de demencia y depresión, durante los cuales ejercerán el poder sus ministros, José del Campillo y Cossío, o personajes como la princesa de los Ursinos o Isabel de Farnesio, su segunda esposa. 

 Alberoni diría del rey " todo lo que necesita el monarca es un cojín y una mujer"

La reina María Luisa tenía 13 años cuando llegó y como había de consumar su noche de bodas en presencia de testigos estuvo tres días encerrada en un cuarto llorando y pidiendo volver con su mamá. 
El cuarto día aceptó consumar el matrimonio pero sin mirones.

La afición borbónica por las mullidas camas y las mujeres se refleja en esta carta escrita por la princesa de los Ursinos al rey Sol "... no hay manera alguna de que el rey abandone la alcoba, por su gusto estaría todo el día en la cama con la reina" 

Como no se cortaban en público y estaban en una corte católica el rey se pasaba la vida del fornicio al confesionario y del confesionario al fornicio. Sería por este ir del arrepentimiento a la lujuria que el rey acabó pasando de la tristeza a la euforia con la misma facilidad con que se sentaba en el reclinatorio o jugaba al escondite con la reina.

  Los psiquiatras decían que el rey padecía de satirismo, un irrefrenado deseo de practicar el coito,  gen que parece haber sido heredado por todos los Borbones.

El embajador francés Saint-Aignon escribía en 1717 “el monarca se está destruyendo visiblemente a causa de la utilización excesiva de la reina. Está completamente agotado”.

En los periodos en que estaba deprimido se encerraba meses en su cuarto, negándose a asearse y a vestirse, de ahí le vino el sobrenombre "el guarro"
 La costumbre de no lavarse, cagar en dónde le venía en gana, no cortarse ni lavarse el pelo ni las uñas, largas y negras, especialmente las de los pies que le daban problemas para caminar y de pasear con un mugroso camisón de mujer por los pasillos del palacio fueron el origen de ese alias. Aunque en España no cambió de habitos, se consideró de  mal gusto llamarlo "el guarro" y se eligió llamarlo "el animoso" primero y "el melancólico" después. 

Maria Luisa de Saboya quien realmente había estado al mando del país junto a la princesa de los Ursinos murió a los 25 años de tuberculosis, después de haber parido tres hijos de los que sobrevivieron tres.
El rey empezó a manifestar un comportamiento errático por sus deseos incontrolados de hembra. 
Recibía a otros monarcas e importantes personalidades en camisón de dormir y sin pantalones y hubo un periodo en el que estaba convencido de que era una rana.
Les procuraron diferentes meretrices para calmarlo pero como era creyente luego se deprimía más buscando el perdón divino. 
Esto llevó a la decisión de casarlo de nuevo, para que "follara y dejara al despacho gobernar" 
Solo estuvo viudo diez meses.
La siguiente esposa sería Isabel de Farnesio quien mantuvo al rey entretenido en la cama mientras ella se encargaba de controlar el gobierno en la fase de influencia de los italianos y con esto concluimos la historia del primer ilustre antepasado de nuestro jefe de Estado, Felipe VI. 

  Para poner un galón más en el jubón de los Borbones, recordaremos que fue a partir de Felipe V,  cuando  España comenzó a participar a saco en el comercio de esclavos africanos. 
 Felipe V pudo de moda tener esclavos negros en la corte.
 Firmó un suculento contrato con la Compañía de Guinea, junto al Rey Sol, por el cual percibía cada Borbón el 25% de los beneficios de la organización esclavista. También firmó contratos con los ocupantes de Gibraltar y Menorca y creo la Compañía de Comercio, que actuaba de forma conjunta con South Sea. Por este acuerdo fueron secuestrados unas 150.000 personas, que fueron vendidas como esclavos en pública subasta en las colonias españolas, en esta operación repartía beneficios con Ana Estuardo, reina de Inglaterra.
Para que no le robasen sus esclavos la Casa de Borbón tuvo la idea de marcar con hierro su insignia en las nalgas de sus esclavos.

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